Chilenos
- Vicente Pérez Rosales (1807–1886)
- California
- CHILE
- 34
Vicente Pérez Rosales (1807-86) trata de extraer oro en California, pero finalmente regresa a Chile, donde le asignan un cargo alto
Cuando Vicente Pérez Rosales se enteró del descubrimiento de oro en California, supo que quería probar suerte allí. Pérez Rosales nació en Santiago, Chile, en 1807 y creció en el entorno de una familia próspera con grandes extensiones de tierra y numerosos sirvientes. Incluso estudió en París durante su juventud. Para el año 1830, sin embargo, la familia Pérez Rosales había perdido sus tierras y su estatus social. El joven Vicente, acostumbrado a una vida de privilegios, se vio obligado a abrirse camino por cuenta propia.
Los informes indican que Pérez Rosales recurrió a variadas actividades para poder mantenerse, desde explotación de oro en pequeña escala hasta contrabando de hacienda. Pero una vez que se enteró de la existencia de oro en California, organizó un grupo conformado por sus hermanos y algunos sirvientes. Pérez Rosales y su grupo eran parte de los más de 3 000 chilenos que recibieron su pasaporte para viajar a California a fines de 1848 y a principios de 1849.
Después de casi naufragar, Pérez Rosales y su grupo llegaron sanos y salvos a San Francisco a mediados de febrero de 1849. Inmediatamente, se procuraron los pasajes para llegar al fuerte Sutter y posteriormente a Coloma, donde comenzaron a buscar oro. Gracias a su experiencia en minería, pero también a la servidumbre que trabajaba para él, Pérez Rosales pudo juntar hasta 20 onzas de oro por día.
En abril de 1849, Pérez Rosales partió rumbo a San Francisco a buscar correspondencia y provisiones, y dejó a sus compatriotas en las excavaciones. Durante su estadía en San Francisco, un grupo de mineros blancos atacó a su grupo y a otros extranjeros, y les robaron el dinero. En sus memorias, publicadas 30 años más tarde, reflexiona acerca de los orígenes del conflicto entre chilenos y Yankees:
"La mala voluntad del Yankee vulgar hacia los hijos de otras naciones, y muy especialmente contra los chilenos, se había, pues, acentuado [1850 aprox.]. Se armaban de un argumento sencillo y concluyente: El chileno era hijo de español; el español tenía sangre mora; luego el chileno debía ser por lo menos hotentote o, muy piadosamente hablando, algo muy semejante al humillado y tímido californiano. Se les había indigestado el arrojo del chileno, que sumiso en su país deja de serlo en el extranjero, y hará frente a una pistola encarada al pecho, siempre que él pueda apoyar la mano sobre la empuñadura de su puñal.
El chileno, por su parte, detestaba al yankee, a quien calificaba de cobarde a cada rato. Esta mutua mala voluntad explica las sangrientas desgracias y las atrocidades que a cada paso presenciábamos en el país del oro y de las esperanzas".
En su visita a la ciudad, pudo comprobar que los que hacían fortuna no eran los mineros, sino los hombres de negocios que proporcionaban insumos y servicios a los mineros.
Pérez Rosales volvió a las excavaciones para encontrarse con que habían desvalijado a su equipo y que los ladrones tenían ahora sus pertenencias y su oro. Los chilenos reaccionaron inmediatamente. Se reagruparon para dirigirse a San Francisco y decidieron montar un negocio. A las semanas, el grupo abrió un restaurante llamado "Citizen’s Restaurant" con un chef francés.
A pesar de la lucha para lograr su cometido, Pérez Rosales tuvo que abandonar su jerarquía en el grupo y trabajar a la par de los sirvientes. Escribió: "Éramos, al mismo tiempo, patrones y sirvientes del mismo restaurante". De todos modos el negocio no duró mucho, ya que el fuego arrasó con el restaurante en uno de los tantos incendios que azotaron la ciudad del momento, San Francisco, entre 1849 y 1850.
Pérez Rosales regresó a Chile, donde lo esperaba el éxito como escritor y líder político. Después de su muerte, uno de los más espectaculares parques nacionales del país fue bautizado con su nombre.
