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Siguiendo las órdenes de evacuación, esta tienda de Oakland cerró. El dueño, un graduado de la Universidad de California, de ascendencia japonesa, colocó un letrero al frente de la tienda que dice SOY UN ESTADOUNIDENSE. 8 de diciembre, el día después de Pearl Harbor. (Cortesía de la Biblioteca Bancroft, UC Berkeley)

Vidas Destruidas

Cuando el gobierno rescindió la orden de internamiento al finalizar la guerra, los internos tuvieron que comenzar la tarea de reconstruir sus vidas y reestablecer sus medios de vida. Los costos económicos de la migración forzada eran enormes. Los japoneses habían sido obligados a vender sus casas por menos del valor de mercado, cerrar negocios exitosos y regalar otros bienes. Se calcula que el internamiento les costó a los americanos de origen japonés cientos de millones de dólares.

Un informe demostró que antes del internamiento apenas dos docenas de americanos de origen japonés estaban en las listas para recibir asistencia social en Los Angeles. Después del internamiento, había aproximadamente 4000.

Volver al Hogar

Los funcionarios gubernamentales esperaban que los americanos de origen japonés desplazados se esparcieran por todos los Estados Unidos en vez de regresar a sus antiguos vecindarios en el Oeste. Sin embargo, muchos regresaron a los lugares que ya conocían. En algunos lugares, como San José, California, los internos que regresaban eran recibidos con comida caliente y un lugar para dormir. Sin embargo, en otros lugares, se encontraron con hostilidad y con letreros en las ventanas de las tiendas que decían: "No se permite el ingreso de japoneses". La mayoría de ellos ignoraron el persistente prejuicio y continuaron reconstruyendo sus vidas.

Personal Stories

Chiura Obata

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