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Salvadoreños

  • José Cartagena (1963?–present)
  • EL SALVADOR

José Cartagena (1963? -presente)

El 14 de mayo de 1980, José Cartagena era un estudiante universitario de 17 años en El Salvador, cuando las tropas militares salvadoreñas asaltaron la Universidad y abrieron fuego contra estudiantes desarmados, dejando un saldo de más de 600 muertos. Muchos de ellos eran compañeros de Cartagena. El único "crimen" de los estudiantes había sido tratar de conseguir mejores condiciones para las escuelas del Salvador y fomentar una sociedad más justa.

En esa época, la guerra civil devastaba El Salvador, producto de más de medio siglo de dictaduras militares represivas, desigualdades sociales y crisis económicas. El gobierno salvadoreño, respaldado por los Estados Unidos, reprimía sin piedad a todo aquel que disintiera a través de una red de escuadrones de la muerte apoyada por los militares. Activistas, campesinos, líderes religiosos y ciudadanos comunes eran acribillados a plena luz del día. Hacia finales de la guerra, en 1992, 70 000 personas de este pequeño país habían perdido la vida.

Después de la masacre en la Universidad, en 1980, Cartagena pensó que él sería el próximo, debido a la conexión que tenía con aquel grupo de estudiantes. "Cuando los militares comenzaron a buscarme", decía Cartagena, "mis padres decidieron que sería mejor vivir sin mí antes que verme morir".

En 1980, Cartagena dejó El Salvador con rumbo a Estados Unidos. Con él, viajaron 42 salvadoreños más. El grupo utilizó la ayuda de "coyotes", guías que ayudan a los inmigrantes ilegales a cruzar la frontera. El viaje fue peligroso. Caminaron tres días y tres noches por el desierto para llegar a la frontera. Originariamente, les habían comentado que el viaje duraría 12 horas. "En El Salvador, estábamos acostumbrados a caminar, y 12 horas no significaba mucho para nosotros", aseguró Cartagena. "No teníamos idea de que nos tomaría seis veces ese tiempo".

"Sólo había un galón de agua por persona", recordaba Cartagena. Algunos no tuvieron otra opción más que beber su propia orina para poder sobrevivir. Como alimento, comíamos cactus si encontrábamos alguno, y hubo quienes se desesperaron a tal punto que comenzaron a comer su desodorante.

Doce personas murieron durante el viaje. Los sobrevivientes cruzaron finalmente la frontera de Arizona. Cartagena estaba en coma cuando lo encontraron los oficiales de inmigración. Afortunadamente, aparecieron personas que pudieron ayudarlo. Eran parte de una congregación de Arizona afiliada a un movimiento religioso, una red de 500 iglesias en los Estados Unidos que brindaban apoyo humanitario y asesoramiento legal a los refugiados de Centroamérica. Los voluntarios religiosos ubicaron a Cartagena y a otros refugiados en los hogares de familias de la red.

Dos años después, Cartagena viajó a San Francisco, California, para participar en una huelga de hambre que reclamaba un cambio en la política estadounidense hacia los refugiados salvadoreños que huían de la violencia y la represión. En aquel entonces, el gobierno estadounidense negaba sistemáticamente el asilo a decenas de miles de salvadoreños que buscaban un refugio seguro en los Estado Unidos. Como consecuencia, muchos salvadoreños permanecían indocumentados en el país.

En 1986, el Congreso aprobó la Ley de Reforma y Control de la Inmigración, que legalizó a aproximadamente 140 000 refugiados salvadoreños. Pero miles de salvadoreños no obtuvieron asilo hasta que se interpuso una demanda contra el gobierno de los Estados Unidos acusándolo de tratos discriminatorios contra refugiados salvadoreños (y guatemaltecos) en 1991.

La guerra civil en El Salvador duró hasta 1992. Cartagena es ahora un ciudadano estadounidense. Vive en la bahía de San Francisco, donde coordina un programa que brinda asesoramiento inmobiliario a los residentes de San Francisco. Está casado y tiene tres hijos.